Tejidos textu   les

II

SOS por Buenaventura

Entrevista con una Magdalena en Buenaventura,

otro SOS por nuestros territorios.

{Entrevista del 27 de febrero de 2021}

Buenaventura es una ciudad que le ha aportado al país entero ganancias de todo tipo, y sobre todo, un aclamado “desarrollo” que ha sido creado a costa de las condiciones de vida y de seguridad de cerca de 500 mil habitantes. Por décadas, Buenaventura ha sido despojada, explotada, militarizada, violentada y dividida en dos partes: la zona portuaria (el gran complejo portuario), y el puerto ciudad, donde el complejo y profundo empobrecimiento se ha apoderado de la población. 

Así lo plantea Magdalena, una lideresa social y feminista con la que tuvimos la fortuna de hablar y de trabajar juntas en una campaña de donación y visibilización de la grave situación por la que atraviesa Buenaventura. En realidad, su nombre no es Magdalena, pero por cuestiones de seguridad, uno de los principales problemas que tiene el puerto ciudad, debe ser fuente protegida y por cuestiones de lazos que nos juntan y nos confortan, también es una Magdalena más. 

Con Magdalena hablamos de la situación actual de Buenaventura, de los ciclos del conflicto armado, de la violencia machista, de los trabajos de cuidado y de la labor que diariamente hacen organizaciones de mujeres y feministas frente a la violencia estatal, que por supuesto, también es patriarcal. Su primer planteamiento, “la situación actual de Buenaventura es la misma de 2016, 2017, 2018, sobre todo 2017 cuando se lanzó un SOS nacional para que el gobierno volteara los ojos políticamente hacia Buenaventura, porque estábamos en una crisis de emergencia igual a la que estamos viviendo”, es contundente y no deja lugar a dudas del problema estructural que vive Buenaventura. Peor aún, no deja dudas sobre el papel del Estado, “si una quisiera ir más atrás diría que es la misma situación de 2005 y 2002 cuando entró con toda fuerza el paramilitarismo a Buenaventura, llegó tumbando hombres y mujeres jóvenes, luego se fue expandiendo, entró por la zona urbana, luego por la rural y se fortaleció. Podría decir que esta situación va de pico en pico.” Una situación que va de pico en pico y que solo demuestra que el Estado tiene una presencia diferencial, desigual, y particularmente opresiva en Buenaventura. 

 

No podría ser de otra manera. El 82% de la población vive en estado de extrema pobreza, el desempleo es del 66% y se convive con diferentes actores armados en todo momento. Sin embargo, es un territorio que le produce ganancias al Estado y a empresas; básicamente todo un país sacando recursos del empobrecimiento y la guerra bonaverense. En este sentido, Magdalena expone seis problemas centrales de Buenaventura: La salud, el agua, el desempleo, la seguridad, la inversión y la pobreza: 

“Ahora con la situación de la pandemia solo se pudieron ubicar 40 camas para un hospital de 400,000 habitantes, a la gente que se enferma aquí hay que remitirla a Cali porque la clínica privada Santa Sofía no da abasto para las necesidades de salud. Los barrios no tienen agua, Buenaventura no tiene agua, la fuerza con que llega el agua a la ciudad son unos tubos que tienen más de 200 años, son los tubos que puso el tren cuando estaban recién conformando a Buenaventura como puerto nacional, esa tubería se ha ido adecuando en algunos sectores para que el agua llegue a la ciudadanía, nos toca bañarnos con totuma, parece mentira, pero hay que recoger el agua porque no está las 24 horas. El agua llega sectorizada y por días y horas a los distintos barrios.” Y la inversión del gobierno nacional no está a la altura de lo que necesita la ciudad de Buenaventura, solo acrecienta la desigualdad que hay entre la zona portuaria y el puerto ciudad, “hay una diferencia entre ambos, si usted va a la zona portuaria es un puerto con una infraestructura tecnológica y mecánica impresionante, pero si viene al puerto ciudad encuentra miseria, pobreza, desempleo, violencia, las desapariciones, las casas de pique, violencias sexuales, la contaminación; usted se encuentra con una ciudad que no es coherente con el desarrollo económico que dice el gobierno nacional que tiene para Buenaventura. Buenaventura en los años que tiene apenas acaba de tener por primera vez en la historia una galería que responda las necesidades del pueblo”. 

Frente a estos temas que Magdalena señala, uno de los que abordó con mayor profundidad fue el de seguridad, ella explica claramente que los entramados de la violencia están articulados en torno a algunos ejes: el conflicto armado, la educación, el desempleo, la violencia de género y el trabajo de cuidado. El tema es mucho más complejo que la crítica a la seguridad que responde al arma, la militarización, el enfrentamiento armado coyuntural y la que se empeña en arrebatarle la vida a los jóvenes bonaverenses, donde el 68,8% de los muertos por asesinato tienen entre 15 y 30 años o menos. La problemática no se reduce a la llegada de más de 1000 policías y soldados a los barrios donde el conflicto está más agudizado, estructuralmente también tiene que ver con la familia, la educación, el relacionamiento entre hombres, mujeres y la falta de una política de atención a las poblaciones en situación de vulnerabilidad.

Magdalena lo plantea así, “consideran que es que la familia es privada, pero yo considero que la familia es mitad y mitad, la familia es público-privada porque estamos diciendo que es la base de la sociedad, de la sociedad la institucionalidad pública, como la institucionalidad privada que es el padre, la mamá y el resto de la familia tienen una responsabilidad conjunta de hacer que este joven sea un buen ser humano. Entonces, si un chico presenta comportamientos agresivos y altaneros en el colegio, ¿qué hacen los profesores? en lugar de hablar con ellos lo que hacen es llenarle un observatorio de una cantidad de recomendaciones totalmente negativas que la madre va pensar que no es una persona apta para estar en ese colegio (…)  Entonces el chico se queda en la calle y lo que esta ofrece normalmente es un hervidero de narcotráfico, paramilitarismo, y de otros tipos de grupos armados; delincuencia común entre otros. Y vuelven a este ser humano hombre, joven, agresivo, que ejerce violencia física, psicológica, patrimonial, sexual, que amenaza, controla, extorsiona y decide con qué mujer se acuesta, con esta, con la de acá y con la de allá, que las embaraza a todas, pero que no responde por ninguna.” 

Esta dimensión familiar y de género no es para nada un tema secundario. Es un tema central, que va ligado a la forma en la que se reproduce la violencia cotidiana machista, hablamos entonces del continuum de violencia, pero también la propia del conflicto armado. No hay manera de separarlas porque están articuladas por temas como el poder, la dominación y el sometimiento, la construcción acelerada de masculinidades violentas y víctimas también. Por esto, las estructuras de la violencia funcionan con la reproducción de las relaciones de género desiguales. “Hay unos factores que se relacionan entre las mujeres y los hombres y es el poder, estamos hablando de poder y necesidad. Muchas mujeres ven en un hombre armado, un soldado, paramilitar, policía, una alternativa de solución económica. Por otro lado, muchos de estos actores armados tienen una vida familiar, no están desconectados de esta, estos se entrecruzan en el mismo camino hombres y las mujeres.” Esto es importantísimo en tanto explica la manera en la que se reproduce la violencia. Está interiorizada en las dinámicas familiares, educativas, en las relaciones de género que diariamente se sostiene con el mismo desarrollo de la vida social, económica y política de Buenaventura. Hace concebir que los actores armados no son monstruos, ni criaturas salidas de la nada, son jóvenes, hombres de una familia que vivió el maltrato machista, económico, político y cultural de la masculinidad también representada en un Estado extractivista, racista y empobrecedor.

Otra dimensión estrechamente cercana a la familiar es la del trabajo de cuidado, que cuenta con tan poco reconocimiento y visibilidad, que hasta constituye un acto de violencia en sí el desprecio histórico que ha sufrido. Esto por varias razones, primero, reduce el potencial político y transformador de los trabajos de cuidado en contextos de violencia y conflicto armado. Segundo, la falta de reconocimiento y de visibilidad, y por ende de apoyo, culpabiliza a las mujeres y madres solteras que dedican su vida a proteger y cuidar la vida de sus hijos y los de otras mujeres, sobre todo en zonas de alto conflicto, donde se señala a las mujeres por “no cuidar bien a sus hijos”, por “ser malas madres”, por no darles la suficiente educación o apoyo para que no se decida por el camino de las armas, como si la responsabilidad la tuvieran solo las madres –el 78% madres solteras, según nos cuenta Magdalena- que pese a todo y contra todo, resisten salvaguardando la vida; pero claro, no es suficiente, porque las ayudas gubernamentales e institucionales no son suficiente y al contrario  las lógicas del capitalismo depredador no ayudan, vulneran y matan. 

La conversación con Magdalena nos deja algunas preguntas en este sentido, ¿Qué papel cumplen las tareas de cuidado en contextos de violencia machista y conflicto armado? ¿qué pasaría si las tareas de cuidado se redistribuyeran equitativamente entre hombres, mujeres, pero también entre instituciones públicas? ¿Qué cambiaría si el trabajo de cuidado tomara el protagonismo y reconocimiento político que se merece en la cotidianidad, y si las mujeres y los hombres pudieran ejercerlo en otras condiciones donde se garantizara que el cuidado con cuidado se paga? 

Cerramos esta dimensión con las palabras de Magdalena. “El trabajo de las tareas de cuidado hay que polemizarlo, hay que visibilizarlo como ese gran aporte que las mujeres hacen a la construcción de país, que hacen a la transformación de nuevas sociedades. Aquí en Buenaventura hay varios profesionales que fueron criados por madres solteras y llegaron a ser altos funcionarios de la administración tanto local como regional quienes hoy tienen otra condición de vida, una economía que permite vivir en dignidad, pero su mamá lavó y planchó en casa de familia para pagarle la universidad.  Estas madres no han desaparecido, las tareas del cuidado es una profesión que le sigue dando a Buenaventura, nuevos profesionales, hijos de madres que trabajan en casa de familia, con platoneras de pescado, chontaduro, mango, pepepa, entre otros productos de la región, ellas salen con un platón en la cabeza, por los diferentes barrios o esquina de una tienda, para vender y llevar el sustento a sus hijos- as y cuidar el resto de las familias.”  

Finalizando la entrevista, Magdalena nos dice con su sonrisa amplia y cálida que no todo está perdido, que la gente resiste, que las mujeres cuidan porque también luchan y que Buenaventura todavía tiene mucho que salvar del desarrollo depredador del gran capital y su confabulación macabra con el Estado nación. Dice, “después de hablar de este panorama tan triste, lleno de neblina pareciera que Buenaventura no tiene cosas buenas y bonitas, pues, ¿cómo les parece que sí? Buenaventura tiene muchas cosas buenas y bonitas, es un puerto que está dentro de una ensenada marítima, al igual que está rodeado de ríos, montañas, manglares, quebradas, pero también de mucha gente que está dispuesta a hacer cosas para aportar a una sana convivencia y lograr un desarrollo para la ciudad puerto.” Habla entonces de las organizaciones sociales que hacen alianzas estratégicas con organizaciones nacionales e internacionales, de organizaciones aliadas como la Tonga de Buenaventura CNOA, que está integrada por 14 organizaciones, entre ellas Asociación de Mujeres Comuna 3 y 4, AMUCIB,  FUNDEST, FUNCEPAZ, FUNDARIS, CEPAC, AFRO DE COLORES, ROSTROS Y HUELLAS,MUPRODEB, CAMBIE y VIDA DIGNA, de la que ella hace parte, “también hay otras organizaciones que se encargan del trabajo que se viene haciendo con la Mesa Intersectorial, ahí confluyen casi todas las organizaciones sociales de Buenaventura y las instituciones en un  entramado de alianza estratégica para  la prevención de las violencias de género y la salud mental de las mujeres y las niñas de Buenaventura, entre las  que se encuentran: consejos comunitarios, instituciones como Alianza por la Solidaridad, Secretaría de Mujer y Género, la Policía Nacional, organizaciones como Red de mariposas, Alianza nuevas construyendo futuro, madres por la vida, Vida Digna…”

Vida Digna

Magdalena hace parte de Vida Digna, una organización de mujeres que trabajan los enfoques de derechos humanos, el étnico racial y el de género. Hacen acompañamiento a mujeres, víctimas de violencia sexual basada en género, capacitaciones y talleres donde se encuentran ubicadas, “en la comuna 6 que en este momento hace parte de las comunas en alto conflicto armado. No necesariamente el barrio donde está ubicado Vida Digna pero sí la comuna, entonces se da mucho tipo de violencia.” Magdalena es muy insistente con no dejar a un lado las violencias cotidianas que no ejercen directamente los actores armados. Esa violencia machista que es sexual, feminicida, familiar que expresa un largo trayecto y que en algún momento se articula con el conflicto armado. Por esto también abrirán un taller de modistería ancestral en miras de buscar opciones de trabajo y autonomía de las mujeres y así hacerle frente a la violencia económica. 

También nos cuenta, “de hecho, el primer feminicidio del 21 se dio en la comuna 6 en uno de los barrios de esta comuna, muy cerca del barrio donde está ubicada Vida Digna. Una mujer muy joven de 35 años fue... víctima de su pareja de 40 y pico que realmente le quitó la vida de una manera... Muy miserable y... la verdad que... aunque llevo muchos años trabajando esto... esto me quiebra, ¿ya? Entonces una manera de no quedarnos en el problema es seguir trabajando en la prevención de las violencias de género con mujeres jóvenes y adultas. Y hemos planeado unos talleres por lo menos en este primer semestre que tiene que ver con mujeres jóvenes frente a la prevención de violencia de género, reconocimiento étnico racial porque eso ayuda mucho a fortalecer ese amor propio y a volverlas un poco autónomas, dueñas de su propio destino, que entiendan que las mujeres no... No somos propiedad de nadie y que ninguna está obligada a soportar ningún tipo de violencia. Entonces estamos pensando estos talleres con unos enfoques muy profundos y esperamos que en unos 6 meses podamos haber logrado por lo menos un taller con cada de uno de estos enfoques.” 

Este es el trabajo político de las mujeres bonaverenses, que entre armas, balas, toques de queda y hombres ejerciendo todo tipo de violencia, se encuentran, se unen, denuncian, se acompañan, construyen día a día un horizonte donde la vida sea posible y vivible. 

La entrevista aquí narrada es una acción de denuncia, de visibilización, de reconocimiento y sobre todo de alerta, porque Buenaventura, el puerto ciudad, es otro de esos territorios ninguneados por el Estado Nación colombiano, pero también por una gran parte de la sociedad civil que vive, come, y duerme a espaldas de su propia gente. Y claro, también es una acción de mujeres que trabajan con mujeres, porque como dice Magdalena, hay que darnos cuenta de “lo potente que somos las mujeres, sobre todo cuando nos encontramos con otras mujeres que tienen esa posibilidad de ofrecer, de poner su servicio al ser humano femenino para seguir superando las violencias.” 

{Por Daniela Rodríguez Peña para la revista La Magdalena} 

SOS for Buenaventura

An interview with a Magdalena in Buenaventura,

 another SOS for our territories.

Buenaventura is a city that has contributed to the entire country profits of all kinds, and above all, an acclaimed "development" that has been created at the cost of the living and security conditions of nearly 500,000 inhabitants. For decades, Buenaventura has been dispossessed, exploited, militarized, violated and divided into two parts: the port area (the great port complex), and the city port, where the complex and profound impoverishment has taken hold of the population.

 

 

This is how Magdalena, a social and feminist leader with whom we had the fortune to speak and work together with on a donation campaign to make visible the serious situation that Buenaventura is going through, puts it. Actually, her name is not Magdalena, but for security reasons, one of the main problems that the city port has, she must be a protected source, and for reasons of ties that unite and comfort us, she is also another Magdalena.

 

 

With Magdalena we talked about the current situation in Buenaventura, the cycles of armed conflict, sexist violence, care work and the daily work carried out by women's and feminist organizations in the face of state violence, which, of course, is also patriarchal. Her first statement, “the current situation in Buenaventura is the same as in 2016, 2017, 2018, especially in 2017 when a national SOS was launched so that the government would turn its eyes politically towards Buenaventura, because we were in an emergency crisis equal to that which we are living ”, is overwhelming and leaves no doubt about the structural problem that Buenaventura is experiencing. Worse still, it leaves no doubt about the role of the State, “if one wanted to go further back, I would say that it is the same situation of 2005 and 2002 when paramilitarism entered Buenaventura with full force, it arrived knocking down young men and women, then it expanded, it entered through the urban area, then through the rural area, and became stronger. I could say that this situation is going from peak to peak. " A situation that goes from peak to peak and that only shows that the State has a differential, uneven, and particularly oppressive presence in Buenaventura.

 

 

It could not be otherwise. 82% of the population lives in a state of extreme poverty, unemployment is at 66% and they live with different armed groups at all times. However, it is a territory that produces profits for the State and companies; basically a whole country drawing resources from the impoverishment and war in Buenaventura. In this sense, Magdalena exposes six central problems of Buenaventura: Healthcare, water, unemployment, security, investment and poverty:

 

 

“Now with the situation of the pandemic, only 40 beds could be allocated for a hospital with 400,000 inhabitants, the people who get sick here have to be sent to Cali because the Santa Sofía private clinic cannot provide for healthcare needs. The neighborhoods do not have water, Buenaventura does not have water, the way in with which the water reaches the city are tubes that are more than 200 years old, they are the tubes that were put in with the train when they were just forming Buenaventura as a national port, that pipe has been adapted in some sectors so that the water reaches the citizens, we have to bathe with bowls, it seems like a lie, but you have to collect the water because it is not available 24 hours a day. The water arrives sectorized and by days and hours to the different neighborhoods." And the investment of the national government is not at the level of what the city of Buenaventura needs, it only increases the inequality that exists between the port area and the city port, "there is a difference between the two, if you go to the port area it is a port with an impressive technological and mechanical infrastructure, but if you come to the city port you will find misery, poverty, unemployment, violence, disappearances, chop houses, sexual violence, pollution; you find yourself in a city that is not consistent with the economic development that the national government says it has for Buenaventura. Buenaventura in the years that it has just had for the first time in history a gallery that responds to the needs of the people ”.

 

 

Faced with these issues that Magdalena points out, one of those that she addressed in greater depth was that of security, she clearly explains that the networks of violence are articulated around some axes: the armed conflict, education, unemployment, gendered violence and care work. The issue is much more complex than the criticism of security that responds to weapons, militarization, the conjunctural armed confrontation and the one that insists on taking the lives of young people from Buenaventura, where 68.8% of those killed by murder are between the ages of 15 and 30 or less. The problem is not limited to the arrival of more than 1000 policemen and soldiers to the neighborhoods where the conflict is most acute, structurally it also has to do with the family, education, the relationship between men and women and the lack of a policy of attention to populations in vulnerable situations.

 

 

Magdalena puts it like this, “people consider that the family is private, but I consider that the family is half and half, the family is public-private because we are saying that it is the basis of society, of public institutions, how the private institutions that are the father, the mother and the rest of the family have a joint responsibility to make this young person a good human being. So, if a boy exhibits aggressive and rude behaviors at school, what do the teachers do? Instead of talking to him, what they do is fill in an observation with a number of totally negative recommendations so that the mother will think he is not a suitable person to be in that school (...) So the boy stays on the street and what it offers is normally a hotbed of drug trafficking, paramilitarism, and other types of armed groups; common crime among others. And they this human man, young, aggressive, who exercises physical, psychological, patrimonial, sexual violence, who threatens, controls, extorts and decides with what woman he sleeps with, with this one, with the one from here and with the one from there, that gets them all pregnant, but that does not take responsibility for any of them. "

 

 

This gender and family dimension is not a secondary issue at all. It is a central issue, which is linked to the way in which daily sexist violence is reproduced, we speak then of the continuum of violence, but also of the armed conflict. There is no way to separate them because they are articulated by themes such as power, domination and submission, the accelerated construction of violent masculinities and victims as well. For this reason, the structures of violence work with the reproduction of unequal gender relations. “There are some factors that are related between women and men and it is power, we are talking about power and need. Many women see in an armed man, a soldier, paramilitary, a policeman, an alternative economic solution. On the other hand, many of these armed actors have a family life, they are not disconnected from that, they intersect in the same way, men and women." This is extremely important as it explains the way in which violence is reproduced. It is internalized in the family and educational dynamics, in the gender relations that are sustained daily with the same development of the social, economic and political life of Buenaventura. It makes one conceive that the armed actors are not monsters, or creatures that came out of nowhere, they are young men, men from a family that experienced the sexist, economic, political and cultural abuse of masculinity also represented in an extractivist, racist and impoverishing state.

 

 

Another dimension closely knit to the family one is that of care work, which has so little recognition and visibility that the historical contempt it has suffered even constitutes an act of violence in itself. This for several reasons, firstly, it reduces the political and transformative potential of care work in contexts of violence and armed conflict. Second, the lack of recognition and visibility, and therefore of support, blames women and single mothers who dedicate their lives to protecting and caring for the lives of their children and those of other women, especially in areas of high conflict, where women are singled out for “not taking good care of their children”, for “being bad mothers”, for not giving them enough education or support so that they do not choose the path of arms, as if the responsibility rested alone on mothers - 78% single mothers, according to Magdalena - who despite everything and against everything, resist, safeguarding life; but of course, it is not enough, because government and institutional aid are not enough and, on the contrary, the logic of predatory capitalism does not help, it violates and kills.

 

 

The conversation with Magdalena leaves us some questions in this regard: What role do caregiving tasks play in contexts of sexist violence and armed conflict? What would happen if care tasks were equally redistributed between men and women, but also between public institutions? What would change if care work took the prominence and political recognition that it deserves in everyday life, and if women and men could exercise it in other conditions where it is guaranteed that care is paid for?

 

 

We close this dimension with Magdalena’s words. “The work of care tasks must be debated, it must be made visible as that great contribution that women make to the construction of a country, that they make to the transformation of new societies. Here in Buenaventura there are several professionals who were raised by single mothers and became senior officials of the local and regional administration who today have another life condition, an economy that allows for them to live in dignity, but their mother washed and ironed at a family home to pay for their university. These mothers have not disappeared, care tasks are a profession that continues to give to Buenaventura, new professionals, children of mothers who work at family homes, with platters of fish, chontaduro, mango, pepepa, among other products of the region, they go out with a plate on their heads, through the different neighborhoods or the corner of a store, to sell and to support their children and to care for the rest of the families. "

 

 

At the end of the interview, Magdalena tells us with her wide and warm smile that all is not lost, that people resist, that women take care because they also fight and that Buenaventura still has much to save from the predatory development of big capital and its macabre collusion with the nation state. She says, “after talking about this sad, foggy panorama, it would seem like Buenaventura does not have good and beautiful things, well, what do you think? It does! Buenaventura has many good and beautiful things, it is a port that is within a maritime inlet, just as it is surrounded by rivers, mountains, mangroves, streams, but also many people who are willing to do things to contribute to a healthy coexistence and achieve development for the port city. " She then speaks of social organizations that make strategic alliances with national and international organizations, of allied organizations such as Tonga de Buenaventura CNOA, which is made up of 14 organizations, including the Association of Women of Comuna 3 and 4, AMUCIB, FUNDEST, FUNCEPAZ, FUNDARIS , CEPAC, AFRO DE COLORES, ROSTROS Y HUELLAS, MUPRODEB, CAMBIE and VIDA DIGNA, of which she is a part, “there are also other organizations that are in charge of the work that is being done with the Intersectoral Table, where almost all the organizations converge of Buenaventura and the institutions in a framework of strategic alliance for the prevention of gender violence and the mental health of women and girls of Buenaventura, among which are: community councils, institutions such as Alianza por la Solidaridad, Secretariat of Women and Gender, the National Police, organizations such as the Butterfly Network, New Alliance Building the Future, mothers for life, Vida Digna ... "

 

Vida Digna

 

(Dignified Life)

 

 

Magdalena is part of Vida Digna, a women’s organization that works on human rights, ethnic-racial and gender-based approaches. They accompany women, victims of gender-based sexual violence, they do training and workshops in their location, “in commune 6, which at this time is part of the communes in high levels of armed conflict. Not necessarily the neighborhood where Vida Digna is located, but the commune is, so there is a lot of violence." Magdalena is very insistent about not leaving aside the daily violence that is not directly carried out by the armed actors. That sexist violence that is sexual, feminicide, family-related that expresses a long journey and that at some point is articulated within the armed conflict. For this reason, they will also open an ancestral dressmaking workshop in order to seek work options and autonomy for women and thus face economic violence head on.

 

She also tells us, “in fact, the first femicide of 2021 occurred in commune 6 in one of the neighborhoods of this commune, very close to the neighborhood where Vida Digna is located. A very young 35-year-old woman was ... a victim of her 40-something partner who really took her life in a way ... Very miserable and ... the truth is that ... although I have been working on this for many years. .. this breaks me, you know? So one way of not remaining in the problem is to continue working on the prevention of gender violence with young and adult women. And we have planned some workshops at least in this first semester that have to do with young women in the prevention of gender violence, ethnic-racial recognition because that helps a lot to strengthen that self-esteem and to make them a little autonomous, owners of their own destiny, that they understand that women are not ... We are not the property of anyone and that no one is obligated to endure any type of violence. So we are thinking about these workshops with very deep approaches and we hope that in about 6 months we can achieve at least one workshop with each of these approaches. "

 

 

 

This is the political work of the women of Buenaventura, who between weapons, bullets, curfews and men exercising all kinds of violence, meet, unite, denounce, accompany each other, build a horizon day by day where life is possible and livable.

 

 

The interview narrated here is an act of denunciation, of visibility, of recognition and above all of alert, because Buenaventura, the port city, is another of those territories neglected by the Colombian Nation State, but also by a large part of civil society who lives, eats, and sleeps behind the backs of their own people. And of course, it is also an act of women who work with women, because as Magdalena says, we must realize “how powerful women are, especially when we meet other women who have that possibility of offering, of putting their service to the female human being to continue overcoming violence. "

 

{By Daniela Rodríguez Peña for La Magdalena magazine}

 

 

I

 

Usted nos violentó a todas

Reportaje sobre violencia basada en género analizando el caso de

supervivencia de Ángela Ferro y Gina* 

{Reportaje del 1 de noviembre de 2020}

El martes 20 de octubre a las cuatro de la tarde se podían ver bombas rosadas y blancas con flores pegadas en los arboles cercanos a la Clínica Cardio Infantil al norte de Bogotá. Varias personas se reunían a darle ánimos a Ángela Ferro, sobreviviente a un episodio de violencia basada en género, que se recuperaba en la sala de cuidados intensivos del trauma craneoencefálico producido en la agresión. Una fuerte lluvia movió al grupo a cubrirse bajo el puente que conecta un ala de la Clínica con la otra a la altura de un segundo piso. Cuando pasó la lluvia comenzaba a oscurecer, se pegaron carteles con consignas de ánimo y fotografías de Ángela. La gente comenzó a encender velas blancas por su pronta recuperación. Una pareja se acercó al grupo que encendía velas y después de ofrecerse a ayudar a acomodarlas preguntaron lo qué ha estado rondando en portales informativos y programas de radio nacionales los últimos días ¿por qué una mujer había sido nuevamente victima de actos violentos cometidos por su pareja sentimental?

            El agresor se llama Miguel Camilo Parra, su nombre y el de Ángela han sido usados en todos los contextos para hacer el caso más atractivo para el público general. Por un lado, muchos titulares resaltan que el agresor conoció a la sobreviviente por Tinder, también se ha desviado la atención a los grupos religiosos Rebaño de Lobos y Justice no Fear. Esto se debe a que tanto sobreviviente como agresor asistieron algunas veces a los espacios de estas congregaciones. Vale la pena señalar que tanto Rebaño de Lobos como Justice no Fear han declarado que no estaban involucrados en la vida personal de Parra o Ferro. También se ha buscado desmenuzar la personalidad de Miguel con la información que se ha revelado hasta ahora a través de elementos de sus redes sociales y testimonios de los amigos y familia de Ángela. Detalles como que le gustaba la moda tipo leñador, los vikingos, que tenía un complejo con respecto a su color de piel y una colección de hachas están resaltados en algunos artículos de prensa tanto en inglés como en español. 

            A la hora de informar sobre casos de violencia basada en género se tiende a usar una lupa para observar con minucia las particularidades del agresor y quienes agrede. Así se le puede dar la idea al público de que este hombre que fue capaz de levantar un arma contra su pareja es una anomalía y que la circunstancia sucedió por sus particularidades. Se lee como algo personal cuando es síntoma de una crisis social. Miguel Parra no es un personaje para desmenuzar, sino una eficiente pieza de los engranajes patriarcales. Este intento de feminicidio hace parte de un sistema más grande, por lo que resulta necesario dar un paso atrás para entender sus implicaciones.

 

Los agresores no enfrentan consecuencias y nada impide que reincidan hasta que es muy tarde.

Gina sobrevivió a una relación abusiva con Parra tiempo atrás. Hay varios elementos de su experiencia que caben destacar para entender el episodio de violencia de género al que sobrevivió Ángela. Gina y el agresor se conocieron cuando estaban en el colegio, se contactaron por redes sociales y desde la primera cita él intentó escalar la seriedad de la relación. Salieron por algunos meses y ya se había puesto sobre la mesa la posibilidad de casarse. Esto suele darse en relaciones abusivas, los noviazgos y el matrimonio son una alianza con implicaciones sociales que enlazan a estos individuos a ojos de los demás. Es justo lo que necesita un agresor para garantizar control sobre su pareja. A medida que esto escalaba también lo hacían los comportamientos violentos de Miguel, la acosaba constantemente y exigía retribuciones y pruebas de amor constantemente a tal punto que Gina tuvo que hacer parte de su cotidianidad contestar sus mensajes y llamadas sin importar las implicaciones en su vida personal y su salud mental.

            Contrario a lo que nos han hecho creer detrás de las llamadas insistentes y cantidades exorbitantes de mensajes suele haber insultos, luz de gas (cuestionamientos a la cordura de ele sobreviviente), y comentarios que antagonizan a la familia y amigos de la pareja. Camilo era despectivo al hablar de la familia de Gina y decía que sus amigas eran unas “brujas”. Además se negaba a hacerse responsable de sus agresiones, en un incidente en que Parra le alzó la voz a Gina y esta le dijo que no iba a permitir que le gritara Parra le dijo “es que te grito porque tú me obligas a hacerlo”.  Según Gina él dañó su autoestima en tan solo seis meses. Pero fue reticente a la idea de terminarle porque él le había dicho constantemente que “¿quién la iba a querer, sino él?”. 

            La madre de Gina tuvo un sueño en que su hija estaba en peligro y veía que su agresor la dejaba a su suerte. A raíz de esto decidió terminar el noviazgo. Es importante señalar que el momento más peligroso en una relación abusiva es cuando se termina. Miguel presionó por varias horas a Gina para que cambiara de parecer y luego le exigió que fueran a hablar con su mamá porque él “necesitaba saber si el rompimiento era mandado por Dios” y para ello estuvo con Biblia en mano buscando algo que lo justificara. Cuando los tres se sentaron a hablar Parra agredió verbalmente a Gina frente a su madre como una forma de manipularla y ponerla de su lado. La acusó de loca, (esto es un ejemplo de la luz de gas que se mencionó anteriormente) y también dijo que estaba seguro de que Gina tenía otra relación a escondidas. 

            El truco no le funcionó, así que sacó su ultima carta y le hizo saber a su suegra que había tenido intimidad con Gina e insinuó que la única responsable de ello había sido ella. Esta es la epitome de las contradicciones patriarcales, Parra sabe que con los lentes de la misoginia se le exige a la mujer ser deseable y se entiende que su lugar es el de ser deseada, y sin embargo también debe ser castigada por ello. Con esa excusa cualquier cosa que hiciera cualquier pareja de Parra se encontraba en una categoría degradante. El valor que le dan hombres como Miguel a sus parejas no está mediado por una idea de respeto mutuo, él las ve y trata como objetos y por eso siente que puede herirlas y abusarlas. Por esto mismo es que Miguel no respetó la decisión de Gina y continúo acosándola a ella y su familia aún meses después del rompimiento llegando al punto en que incluso la amedrentó por caminar cerca a su casa.  

            ¿Hubo consecuencias para Parra por abusar emocional y verbalmente de Gina? Se podría creer que sí, a fin de cuentas la relación terminó y tanto Gina como su familia actuaron de la mejor forma posible para que Miguel Camilo dejara de influenciar de cualquier forma su cotidianidad. Sin embargo, hasta donde deja ver el testimonio de Gina, y lo que se vio en el caso de Ángela, es que él no asumió ni entendió esa ruptura, no lo hizo porque nada lo obligaba a mirar a la cara su violencia y misoginia. Simplemente pudo voltear a otro lado y justificar lo sucedido en delirios machistas que ponían a Gina como culpable y a él como inocente hijo del señor. Lo que queda entonces en la cabeza de Parra, y otros agresores como él, es que no tiene que cambiar sus comportamientos, no tienen que dejar de ser emocional y verbalmente abusivos, solo tienen que asegurarse de que no los agarren o señalen por esos comportamientos en la próxima relación. El buen hijo del patriarcado nunca tiene que cambiar, solo debe acomodar el mundo que lo rodea para que se doblegue

a su voluntad. 

            Esto, evidentemente, no es culpa de Gina o sus cercanos. Debemos dejar de responsabilizar a les sobrevivientes de las acciones de su agresor, su recuperación y reinserción en la sociedad no debería depender de lo que hagan quienes han sufrido por su culpa. Este es un problema de salud pública ¿cuántas mujeres pueden abrir un proceso trasparente y seguro en caso de abuso emocional o verbal? ¿Por qué no hubo un mecanismo que detuviera este problema cuando nadie había sido lastimado físicamente? Como no lo hubo, es absurdo esperar que Ángela del Pilar Ferro Gaitán supiera, hace ocho meses cuando Miguel Camilo le llevo flores, que él era un peligro para su integridad emocional y física, era un lobo con piel de oveja. El sistema debió haber protegido de alguna forma a Ángela y amonestado de alguna forma a Miguel para que esto no hubiese tomado el rumbo que tomó.  

            Por eso no sorprende que Parra violentara a Ángela con varios comportamientos que había tenido en su relación con Gina. La llamaba y le escribía constantemente, le exigía hacer videollamadas en sus reuniones con amigos para vigilarla y también antagonizó a sus cercanos. Ojo a las formas patriarcales y heternormativas que usaba para alienar a las amistades de sus vínculos sexo afectivos. A las amigas mujeres de Gina las llamaba “brujas” y a los amigos queers de Ángela les decía “maricas”. Entonces vale la pena preguntarse si no estaremos dándole herramientas a los agresores cuando continuamos alimentando un sistema heterocisnormado patriarcal y supremacista blanco. Un hombre agresor cis hetero siempre va a poder encontrar algo en quienes rodean a su pareja para antagonizarlos. 

Responsabilidad espiritual en las consejerías de pareja religiosas.

Es muy diciente que tanto Rebaño de lobos como Justice no fear, las dos iglesias a las que Parra asistió algunas veces, corrieron a hacer público que ellos no tenían intervención directa en la vida intima de la sobreviviente y el agresor. No había necesidad de ir a lavarse las manos, con la información que se ha dado hasta ahora es imposible señalar una responsabilidad directa entre estas iglesias y el intento de feminicidio como tal. Sin embargo, hay muchos elementos sociales que construyen a un agresor, aún sin intención, y lo que ha sido evidente en los últimos días es que ambos grupos religiosos parecen quedar muy tranquilos con sus procesos, porque no hay evidencia de que ellos incitaran a Miguel a lastimar a Ángela. Preocupa que se contenten con lo evidentemente mínimo.

             Hay ocho minutos de audio de la pastora de Justice no fear hablándole a Ángela. La mujer se identifica como pastora y se sabe que responde al nombre de Carolina y es al esposa de Cristian Martínez el pastor Justive no fear Es importante señalar que NO está en el audio: la pastora Carolina pone en evidencia que no ha hablado con Ángela, solo tiene la versión de Parra. La pastora tampoco da información con respecto a cuánto sabe o qué sabe sobre el “problema”,

como ella le dice, entre la sobreviviente y el agresor. Por lo tanto, no hay suficiente información para concluir que la pastora supiera que Miguel había agredido físicamente, verbal o emocionalmente a Ángela. Así que tampoco se puede decir que los pastores hubiesen permitido que el abuso continuara. 

            Dicho esto, los audios sí muestran el discurso que se maneja en las terapias de pareja religiosa. Si partimos del principio de buena fe de que estos espacios, se supone, nacen desde la buena voluntad de una comunidad creyente para ligar intimidad con espiritualidad; entonces también podemos entender que, aunque se tengan buenas intenciones, estos discursos pueden darle mucho poder al agresor y dejar a la victima en una posición muy vulnerable.

            La pastora Carolina le dice a Ángela que lo mejor ante un problema de pareja es “la intervención de Dios”, la invita a “refugiarse en Dios” y le dice que vínculo con Parra es para “conocer a tu papá Dios”.  No hay ningún manual que diga cómo es la relación de un individuo con el ente supremo de su fe y cómo este actúa en sus relaciones interpersonales. Así como se llegó a esto partiendo de la buena fe, que se supone manejan este tipo de programas para parejas entonces no es pedir demasiado considerar que la reflexión que se da a continuación viene también de buena fe: Todos los consultorios de pareja religiosos/espirituales deberían replantearse como actúa la voluntad divina en los vínculos sexo afectivos. 

            Creo que cualquiera esperaría más responsabilidad de parte de figuras religiosas a la hora de hablar de los alcances y propiedades de la espiritualidad. No pretendo poner en duda la omnipotencia de ninguna entidad de cualquier fe, pero es bastante negligente poner todo en manos de Dios, en este caso, porque se vuelve muy fácil para cualquiera con mala intenciones hacerse dueño de la voluntad de ese Dios. Nada impidió que Miguel aprovechara lo vagas que son afirmaciones como las de la pastora Carolina, para manipular a sus parejas. Si él podía convencer, tanto a si mismo como a ellas, de que lo que hacía era parte de una voluntad omnipotente, entonces no había lugar para cuestionar sus comportamientos violentos. Si una parte del vinculo se puede adjudicar esos poderes es imposible mantener una relación horizontal. 

            Ante este panorama le corresponde a las personas que comparten la fe de Miguel, en especial quienes están encargados de asesorar parejas preguntarse ¿por qué un discurso que tiene sus bases en el amor al prójimo puede usarse tan fácilmente para que un individuo abuse de otro? Tal vez se debería hacer una propuesta de una espiritualidad más íntima, una en que la voluntad divina tenga una relación directa con el sentir e interioridad de cada creyente y no en manifestaciones externas. De esa forma los agresores no podrían justificar sus peores comportamientos en la voluntad divina, y aunque haya sido sin esa intención. Eso es lo que queda del audio de la pastora Carolina a Ángela, especialmente cuando le dijo que su relación con Parra era un camino para conocer a Dios. 

            No se necesita ser creyente para saber que quienes creen en un Dios tienen mucho en juego en su relación con este. Es un consuelo, un motor para continuar adelante, una forma de darle sentido a su existencia. Es muy peligroso que la relación entre creyente y Dios, o Alá, o Yahvé, este tan determinada por las relaciones sexo afectivas del individuo. Es importante repensar este tipo de acompañamientos, blindarlos contra la posibilidad de que el abuso, de cualquier tipo, sea entendido como voluntad de Dios.

 

Violencia económica.

Miguel Camilo Parra fue capturado en la madrugada del 27 de octubre. Ángela se está recuperando junto con sus seres queridos. Los efectos de las agresiones no solo se manifiestan en sus heridas físicas y psicológicas, sino en su situación económica. Parra tuvo el poder para sacar a Ángela de su plan de salud y hasta ahora esa acción continua afectándola. Por eso sus amigos y familiares realizaron una colecta por "Vaki" para cubrir sus gastos médicos, como la terapia física, los medicamentos y la atención psicológica. Llegaron a recaudar más de veinte millones de pesos. 

            Pero esta no es la única agresión económica con la que tiene que lidiar. Parra además la sacó del contrato de arriendo del apartamento. Eso significa que en pleno 2020 un hombre puede dejar sin salud y sin techo a la mujer que está intentando dejarlo. Hay una falencia institucional cuando tu pareja no enfrenta ningún obstáculo en el sistema para que te quedes sin casa y sin acceso a atención médica. No se trata solamente de que los procesos para corregir esto sean eficaces, se debería tener más cuidado al momento de hacer este tipo de procesos.  Ninguna persona debería tener tanto poder sobre otra en especial en vínculos sexo afectivos, deja la puerta abierta para unas dinámicas muy peligrosas. 

            Miguel Camilo Parra, según los testimonios, sabía desde el principio que el dinero era otra forma de asentar su poder sobre la relación. Esto se debe a la imposición arquetípica patriarcal de que el hombre es el proveedor, y Miguel se presentaba como tal. Este es un modelo con muchos peligros, porque, cuando solo una parte de la relación maneja la economía del hogar se le da un poder del que es muy fácil abusar. El caso expone entonces que necesitamos más protecciones institucionales para garantizar que nunca más un potencial agresor pueda abusar de las normas del juego para dejar a quien agrede sin vivienda y sin salud.  

¿Qué consecuencias hay hasta ahora? 

Miguel Camilo Parra fue capturado en Fusagasugá, tendrá que enfrentar un proceso legal por intento de feminicidio. Pero las consecuencias van más allá de lo legal. Mientras no se hagan cambios estructurales para que los agresores se detengan lo antes posible nada detendrá a la violencia de género. Esto va mucho más allá de Tinder, las camisas de leñador o un hacha. Este episodio en la larga serie patriarcal de la violencia basada en género colombiana muestra que se está actuando demasiado tarde. Ángela y muchas otras mujeres hubiesen estado muchísimo más seguras si pudiésemos garantizar que los agresores no puedan hacerse los de la vista gorda frente a su violencia y misoginia, aún cuando solo es verbal o emocional.

También es necesario profundizar la discusión respecto a los discursos que constituyen las consultas matrimoniales religiosas y/o espirituales. No es suficiente que no hayan incitado o permitido la violencia; si realmente rechazan este tipo de actos, como dicen en sus comunicados, deberían hacerlo de forma más proactiva blindando su discurso contra el mal uso que Miguel y muchos otros “hombres de fe” le dieron a su espiritualidad. Tercero, seguimos viviendo en un país donde un hombre, puede, si quiere, dejar a una mujer sin casa y sin atención medica sin que nada se lo impida. La colecta de Ángela para sus gastos de salud salió muy bien pero eso no resuleve el problema de fondo. El sistema dejó a Ángela a merced de Miguel, lo que prueba que necesitamos avanzar todavía a nivel institucional para proteger a las mujeres colombianas. Se deben redoblar esfuerzos entonces en limitar el poder que puedan adquirir los agresores, e implementar todas las medidas posibles para proteger a les agredides. Las heridas de Ángela son físicas, psicológicas y sociales, no basta con y la condena de Parra, para sanar esa herida social. El sistema no puede garantizar que otras mujeres no tenga que pasar por esto, el sistema ni siquiera garantiza que el agresor no repita sus comportamientos violentos aún después de mandarlo a la cárcel. Lo máximo que pueden hacer por Ángela y por todas las mujeres es privarlo de su libertad por unos años y esperar que eso baste para que no vuelva a agredir a una mujer. Eso no es aceptable,

está lejos de serlo. 

*Se cambió el nombre de la sobreviviente para proteger su identidad y bienestar.

 

{Por María José Plata Flórez para la revista La Magdalena}